Desfile de Silleteros
El evento principal de la Feria llegó, la gente se acomoda en las tarimas y está expectante de ver la historia de su región a espaldas de sus héroes, hay un clima ideal, las cámaras están listas a capturar recuerdos y emociones, las manos se alistan a aplaudir sin cesar. Ya todo está listo.
A lo lejos se ven unas motos de policía, están adornadas con flores y sus sirenas marcan el inicio del desfile, avisan que tras ellos están los ídolos del pueblo antioqueño. Hay comparsas, grupos de baile y aristas que desfilan a la par de las flores. Los bailes de varias regiones de Colombia indican que no sólo Medellín está ahí, todo el país está marchando.
Ahí vienen los silleteros, marchan con el peso físico de miles de flores y el peso moral de la tradición a sus espaldas. Se pueden ver sus rostros bañados en sudor y orgullo, reciben el calor del sol y la eterna e incesante lluvia de aplausos y cánticos de los espectadores. No es un desfile, es un callejón de honor.
Es impresionante ver a esta gente, sus cuerpos de alguna manera logran cargar estas enormes silletas por un largo recorrido, es emocionante ver a niños y adultos mayores participando de esta tradición. En algunos casos pareciera que el silletero se pierde debajo de la inmensidad de su silleta, como si fuera mínimo, pero al pasar cerca del público que los aplaude y saluda uno se da cuenta de que son mucho más grandes que cualquier cosa que puedan tener en su espalda, las flores y sus arreglos son meramente un símbolo del pueblo paisa. En ocasiones se ven rostros de dolor en los silleteros, no un dolor de sufrimiento, es un dolor orgulloso y lleno de alegría, el esfuerzo físico es brutal, pero la recompensa emocional es infinita.
Cuando se ve de frente un silletero se siente el esfuerzo y la tenacidad, cuando pasan junto a uno y siguen su camino dando la espalda se ve el colorido, el detalle, la belleza y la alegría. En un silletero se ven todas las características de los antioqueños.
El desfile acaba y las imágenes quedan, uno se va con el corazón lleno de alegría y admiración, en el público se ven lágrimas de emoción y millones de sonrisas resumen la jornada.
Uno va a Medellín a ver flores y se devuelve fascinado de la cultura y la tradición. Va a ver un desfile de silleteros y se devuelve lleno lleno de admiración y alegría. Va a conocer una ciudad y se devuelve con ganas de volver y explorar, de hablar con todas las personas, de dejarse contagiar de alegría y sencillez. Simplemente uno va a una feria y se devuelve enamorado de la gente.
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